Si, como dice Marc Augé, la antropología trabaja localizando y comprendiendo las diferencias, ¿es posible aÚn realizar esta labor en un tiempo de procesos de uniformización a escala planetaria?
Sólo es posible responder a esta pregunta adoptando dos direcciones. La primera pasa por reconsiderar el mundo actual, que quizás sea más diverso de lo que los ideólogos de la globalización imaginan. La segunda por volver a analizar la propia antropología, y éste es el camino emprendido por Augé en este libro, porque, según él, ello le permitirá acceder a la comprensión del mundo presente: según su convicción, «la antropología está especialmente bien equipada para afrontar las apariencias y las realidades de la época contemporánea, a condición sin embargo de que los antropólogos mantengan una idea clara sobre cuáles son los objetos, los elites y los métodos de su disciplina».
En el oficio de antropólogo hay tres cuestiones a tener en cuenta: la de la historicidad del objeto de estudio, la de su carácter cultural y la de la necesidad de narrar lo descubierto. El tiempo, la cultura y la escritura son constituyentes del objeto de estudio de la antropología ya la vez pueden convertirse en trabas de la relación del antropólogo con la realidad. Para, Augé, de la reinterpretación de estas tres cuestiones como una sola (siendo cada una de ellas la mutación de las otras dos) surge la respuesta a la pregunta sobre la función de la antropología en el mundo de hoy en día.